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Cuando el cuerpo recuerda lo que la mente intenta olvidar

hace 6 días
2 min de lectura

A veces no sabes por qué te duele algo.

No ha habido ningún golpe. No recuerdas haber hecho un esfuerzo especial. No existe una explicación evidente. Sin embargo, ahí está esa molestia, esa tensión, esa sensación que aparece y que parece decirte que algo necesita tu atención.


Y quizá no sea casualidad.


Nuestro cuerpo no solo está formado por músculos, huesos y órganos. También es el lugar donde vivimos cada experiencia, cada emoción, cada momento de estrés y cada etapa que atravesamos.



El cuerpo también tiene memoria


A lo largo de nuestra vida experimentamos situaciones que nos afectan más de lo que pensamos. Algunas las recordamos perfectamente; otras creemos haberlas dejado atrás.


Pero seguir adelante no siempre significa haberlo procesado todo.


El cuerpo puede manifestar aquello que no hemos sabido expresar con palabras: tensión en los hombros, rigidez, cansancio, molestias recurrentes o una sensación de incomodidad que no conseguimos explicar.


Por eso, cuando algo duele, quizá la pregunta no debería ser únicamente “¿qué me pasa?”, sino también:


“¿Qué está intentando decirme mi cuerpo?”


Escuchar en lugar de ignorar


Estamos acostumbrados a continuar.


Aunque estemos cansados, continuamos.


Aunque algo nos preocupe, seguimos con nuestras obligaciones. Aunque nuestro cuerpo nos pida parar, muchas veces elegimos ignorarlo.


Hasta que la señal se hace demasiado fuerte.

Escuchar nuestro cuerpo no significa buscar una explicación emocional para cada dolor ni asumir que toda molestia tiene un origen psicológico.


Ante un dolor persistente o preocupante, es importante consultar con un profesional sanitario.

Pero también podemos aprender a prestar atención a nuestras sensaciones y a preguntarnos qué necesitamos.


A veces necesitamos descansar.


A veces necesitamos poner límites.


A veces necesitamos hablar de aquello que llevamos demasiado tiempo guardando.


Y otras veces, simplemente, necesitamos permitirnos parar.


Todo lo que vivimos deja una huella


Cada día nuestro cuerpo registra nuestra manera de vivir: cómo respiramos cuando estamos tranquilos, cómo nos tensamos cuando tenemos miedo, cómo cambia nuestra postura cuando estamos agotados.


No somos únicamente lo que pensamos.


Somos también lo que sentimos y la forma en que nuestro cuerpo experimenta cada momento.


Por eso, cuidar de nosotros mismos implica algo más que atender una molestia cuando aparece. Significa aprender a observarnos, escucharnos y tratarnos con un poco más de paciencia.


Porque quizá nuestro cuerpo no esté tratando de molestarnos.


Quizá esté tratando de contarnos algo.


Y aprender a escucharlo puede ser el primer paso para empezar a cuidarnos de verdad.


A veces, sanar también comienza por detenernos y prestar atención.

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